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sábado, 4 de febrero de 2012

Cómo se hacen las ideas filosóficas


Fernando Savater.


Crear una idea es una labor que Hegel caracterizó como el trabajo de la muerte. No quiero ponerme lúgubre, pero en cierta medida es así. La obra del entendimiento –la abstracción, el análisis, etcétera– es semejante a la muerte porque separa lo que está junto, separa lo que no puede subsistir separado. La realidad es un bloque, un magma que nosotros cortamos, separamos, descartamos y por lo tanto hacemos una tarea que es también la que lleva a cabo la muerte.
La muerte destruye lo individual, lo perecedero y se queda con los géneros. Nos destruye a cada uno de nosotros y se queda con los seres humanos, con la humanidad: los humanos siguen y nosotros nos morimos, los perros siguen y Rin Tin Tin se muere. Las cosas concretas desaparecen y en cambio lo demás continúa. Estamos acostumbrados a sustituir en nuestra casa un peine viejo por un peine nuevo, la lavadora vieja por una lavadora nueva, el iPhone viejo por un nuevo modelo, porque continúa el modelo, continúa la idea pero desaparecen los objetos particulares. Esa es la tarea de la muerte, es al final de cuentas la tarea del pensamiento. La tarea del pensamiento es buscar lo que dura, lo que permanece, descartando lo que muere, lo que perece, lo individual.
Aristóteles decía: “No hay pensamiento de lo individual, todo pensamiento es de lo general.” Podríamos preguntarnos: ¿por qué no hay pensamiento de lo individual? Porque el pensamiento mata lo individual, lo hace desaparecer para quedarse con la categoría. Por lo tanto crear ideas es imitar a la muerte. Imitar el despojamiento que la muerte lleva a acabo en la realidad para quedarse con lo perdurable, con lo eterno. Por eso las ideas son eternas –son eternas porque han sido despojadas del magma perecedero que es la individualidad, que es la existencia–. Esa es la contraposición permanente que María Zambrano estudió en Poesía y filosofía: la poesía se queda con lo perecedero, con lo que pasa, con lo que desaparece, con el temblor, con el instante, y la filosofía busca lo que no pasa, lo que perdura, lo que no cambia. Esa es la oposición permanente entre pensar y ser. Somos individuos, pero cuando tenemos que pensar, pensamos en categorías eternas. Spinoza decía que nos sabemos y nos experimentamos como eternos. El que piensa sabe que es eterno, pero sabe que es eterno en cuanto piensa. En cambio, cuando siente, cuando ama, cuando necesita, cuando añora es perecedero.
El trabajo de la idea –el trabajo de la idea del mundo– es ir categorizando el mundo de acuerdo con núcleos de eternidad y despojándolo de todo aquello que está constantemente pereciendo. Por eso decía Hegel que el rostro del pensamiento es el rostro aterrador de la muerte, porque cuando miramos de frente a los conceptos vemos que nosotros no tenemos puesto entre ellos.
En la ciudad de las ideas eternas platónicas está el Bien, está la Verdad, está la Belleza, están los conceptos pero no estamos nosotros. Nosotros somos barridos para dar paso a la idea. De ahí esa suerte de lucha entre la filosofía y la experiencia vital. La filosofía no puede ser ciencia, porque esta describe pero no busca significados, busca lo que hay pero no lo que significa. La poesía, en cambio, tiene el proceso inverso. Mallarmé, en sus consejos al joven poeta, dice “nunca preguntes qué es, pregunta qué significa”. La pregunta poética es ¿qué significa? La pregunta científica es ¿qué es? Y la pregunta filosófica es algo a caballo entre el “¿qué es?” del científico y el “¿qué significa?” del poeta. En medio de eso está la pregunta filosófica. La pregunta filosófica es categorizar como si fuéramos científicos, pero incorporando nuestra experiencia. La ciencia es experimento, la filosofía es experiencia. Eso hay que metérselo en la cabeza a los filósofos de la ciencia. Cuando nos ponemos completamente fuera y estamos hablando en tercera persona, somos científicos; cuando nos perdemos en la interioridad subjetiva y estamos hablando desde el yo irrenunciable, irrepetible, frágil y mortal entonces somos poetas; y cuando estamos a caballo entre las dos cosas, tratando de captar la idea pero también la experiencia que produce la idea, entonces somos filósofos.
Cuando le preguntaron a Hegel que qué era la filosofía contó una anécdota: en una velada en compañía de burgueses una señora ingenuamente le pregunta mientras tomaban el té: “Usted que lo piensa todo, entonces ¿qué tengo que pensar de esta taza de té?” Hegel le respondió: “Eso mismo.” Con esto Hegel decía que la tarea es pensar la vida, esa es la tarea. Nosotros sabemos más o menos qué es la vida: sabemos que es alimentarse, reproducirse, sabemos cuáles son los mecanismos de la evolución, conocemos las necesidades... Más o menos sabemos, en una dimensión o en otra, lo que la vida es. Pero, ¿qué pensar de eso? ¿Qué pensar de que nos haya tocado la experiencia de vivir? ¿Qué nos va a nosotros en la vida? ¿Cuál es nuestra implicación en la vida? ¿Cuál es el significado de lo que hay para lo que somos? Esa es la pregunta de la filosofía. No simplemente contar la angustia que sentimos al saber que no duraremos como las ideas, no solamente la descripción científica de lo que hay como si el mundo solo estuviera compuesto de fuerzas, núcleos, átomos, etcétera, y no estuviera compuesto de seres y personas; sino ¿qué hacemos nosotros en ese mundo de ideas y de necesidades? ¿Cómo nos insertamos, cuál es nuestro papel?
Constantemente nos estamos haciendo preguntas; preguntas, digamos, utilitarias. Preguntamos qué hora es, porque vamos a tomar un avión, a acudir a una cita o a ver un programa de televisión. Cuando sabemos la respuesta descartamos la pregunta y pasamos a la acción. Pero si yo, en vez de preguntarme ¿qué hora es?, me pregunto ¿qué es el tiempo?, esa pregunta no tiene nada que ver con mi vida. Voy a seguir tomando aviones, yendo a citas, viendo programas de televisión y padeciendo y envejeciendo y muriendo. Cuando me hago preguntas filosóficas como esa ya estoy formulando preguntas como herramientas, estoy preguntándome por preguntas que yo soy. Da igual lo que es el tiempo, no me va a servir para hacer nada, pero me va a servir para convivir mejor con el enigma que yo soy, que es vivir como yo. Las preguntas de la ciencia se cancelan: hay una respuesta y se pasa a otra cosa. El agua es hidrógeno y oxígeno en una proporción determinada y una vez que lo sabemos pasamos a otra cosa. Las preguntas de la filosofía, en cambio, nunca se cancelan. Cuantas más respuestas tiene una pregunta filosófica, más nos intriga la pregunta. Cuanto más leemos sobre las respuestas tradicionales que se han dado sobre la verdad, sobre la justicia o sobre la belleza, más nos interesa el tema. No lo dejamos atrás, nos interesa todavía más porque las preguntas filosóficas nos hacen meternos dentro. En filosofía se piensa para entrar en dudas, no para salir de ellas. La filosofía es como los chistes, los pillas o no los pillas. Lo más difícil de explicar filosofía es explicar a ver si la gente lo pilla, porque mucha gente no lo pilla y muchos, por supuesto, de los que hoy escriben sobre filosofía tampoco han pillado la gracia.
Yo, por supuesto, no soy un filósofo, soy simplemente un profesor de filosofía. Los filósofos de verdad, Hegel, Spinoza..., ellos sí han aportado ideas, es decir, han llevado ese trabajo a la muerte. Ese trabajo para el que probablemente hay que tener una fuerza extraordinaria, una fuerza sobrehumana.
El verdadero pensamiento produce pánico, porque es el pánico de lo perecedero, que sabe ciertamente que va a perecer y por qué. Al pensar la idea descubrimos por qué vamos a perecer, y eso es aterrador. Por eso el que sostiene el ánimo del pensamiento, sostiene lo más pesado y lo más terrible, como decía Hegel. Lo más próximo a la muerte.
La vida es una especie de torrente permanente, confuso, en que todo se mezcla, lo que parece bueno se convierte en malo, en el que las personas brotan y desaparecen como sombras chinescas. De pronto quieres detener algo para captarlo. Capturar algo para tenerlo, para apoderarte de ello. Mentalmente es la única forma en que puedes apoderarte de las cosas. En el fondo es como si fueras arrastrado por un torrente hacia una catarata y estuvieras buscando una roca, un árbol, algo a lo que agarrarte y desde lo cual mirar al río y a la catarata sin sentirte arrastrado por la corriente. El concepto es eso a lo que te agarras un instante y te olvidas de que estás siendo arrastrado y miras lo que hay. Y luego... vuelves a ser arrastrado.
Me preguntaban qué es crear una idea. Es imitar a la muerte, pero imitar a la muerte desde una perspectiva que se quiere eterna. Es decir, que la muerte misma la descartamos también. La muerte es el procedimiento, pero cuando entramos en el reino de las ideas ya no está. Cuando entramos en el reino de las ideas –al cual nos ha llevado el proceso de la muerte, como esa escalera que Wittgenstein decía que hay que subir para llegar hasta el punto del pensamiento y luego abandonarla y tirarla– la muerte, es decir, el despojamiento de lo perecedero, de lo individual es el camino por el que llegamos a la idea y una vez logrado la tiramos a un lado y entramos en el reino de una contemplación pura que se pregunta por el significado del universo para los seres que no van a durar con él hasta el final. ~

miércoles, 1 de febrero de 2012

SAVATER, conferencia ITESM





Educar con Ética y Valores para la Responsabilidad.
El filósofo y escritor Fernando Savater señala que la importancia de la educación radica en que los habitantes de un país se conviertan en ciudadanos que actúen; y asegura que si bien la buena educación es cara, la mala es carísima para cualquier sociedad. 




miércoles, 4 de mayo de 2011

Savater en México, mayo 2011

La sociedad debe forzar a los políticos a mejorar la educación, ya que estos sólo piensan en el corto plazo, mientras la ciudadanía se juega en ello su mismo futuro, aseguró este martes el filósofo y escritor español Fernando Savater.
"La sociedad debe forzar a los políticos a mejorar la educación, no sólo la tecnología educativa", dijo Savater, invitado de honor al congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación mexicano (SNTE), el gremio más influyente de México y uno de los más grandes de América Latina.
El filósofo reflexionó sobre el papel de la educación en la sociedad actual, al inicio de los trabajos del congreso, y acompañado por Elba Esther Gordillo, quien lidera el sindicato desde 1989.
"Hay que educar a cada niño, a cada adolescente, como si el futuro del país dependiera de ello", afirmó el autor del libro Ética para Amador.
"Se paga mucho más cara la mala educación que la buena", consideró Savater sobre el nivel de atención que debe ponerse a la educación pública.
Defendió que se educa "en defensa propia", para prevenir una serie de males, por lo que este ámbito debe ser una preocupación pública.
La lucha por la calidad educativa no debe ser cosa sólo de padres y profesores, sino del conjunto, incluidas las figuras de relevancia pública, que sirven como ejemplo, añadió. Es necesaria, además, una dignificación social y económica del maestro, consideró.
Savater aseguró que la voz de los maestros no se escucha lo suficiente en los medios de comunicación, a pesar de su capacidad para mejorar el sistema educativo.
"Se oye a todos: un cantante, un buzo, un catedrático (...) pero nunca se oye a los maestros, su voz nunca está en los medios", lamentó.
Elba Esther Gordillo se refirió a los maestros como "despertadores de conciencias", una labor que no implica únicamente ser "transmisor de conocimientos".
Gordillo confió en que el quinto Congreso Nacional de Educación, celebrado junto al tercer Encuentro Nacional de Padres de Familia y Maestros, arroje resultados positivos para la educación en México.
"No está resuelto el que la educación sea una prioridad nacional, política de Estado", expresó posteriormente en una conferencia de prensa conjunta.
Aún hay muchos alumnos que carecen de seguridad social, alimentaria y material para estudiar, entre otros aspectos, aseguró la dirigente.
La líder sindical urgió a revisar de los sistemas de formación magisterial para "empoderar a la escuela" y que esta sirva como "detonante del bienestar social".
"Si en Ciudad Juárez se hubiesen hecho escuelas de tiempo completo, quizá hoy no tendríamos estas problemáticas", concluyó, refiriéndose a la urbe más violenta de México, con más de de 6,000 asesinatos desde 2009, donde incluso alumnos y maestros han sido agredidos por el crimen organizado.
La escuela no está “impermeabilizada” de lo que sucede puertas afuera y debe protegerse al máximo para evitar “situaciones irreversibles”, comentó Savater sobre la violencia en México.
La falta de políticas públicas y la alianza entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y el Estado son los mayores problemas del sistema educativo en México, de acuerdo con Naciones Unidas.
Otro problema que afecta la educación en el país es el presupuesto insuficiente que se le destina, pues no rebasa el 1% del PIB, según la ONU.
Savater en México: hay que forzar a los políticos a mejorar la educación - Nacional - CNNMéxico.com

viernes, 7 de mayo de 2010

Fernando Savater

Fernando Savater es el filósofo español que más auténticamente representa la nueva visión que existe sobre el pensamiento.
Vale la pena ver esta entrevista realizada por otros dos grandes intelectuales mexicanos Reyes Heroles y Silva Herzog-Márquez.
Haz click aquí: Savater, Reyes Heroles y Silva Herzog-Márquez